La Coctelera

Españoles de España

23 Septiembre 2006

Felipe II

La personalidad del Rey Prudente definirá la historia europea de la segunda mitad del siglo XVI. Su nacimiento en Valladolid el 21 de mayo de 1527 llenará de gozo a sus padres, el emperador Carlos V y doña Isabel de Portugal. Las fiestas que se celebraron a continuación quedaron interrumpidas cuando llegó la noticia de un hecho que crispó a la Cristiandad: el saqueo de Roma por las tropas imperiales. Carlos se vistió de luto y los festivales, torneos y justas quedaron suspendidos. El pequeño Felipe será jurado como heredero de la corona de Castilla el 10 de mayo de 1529 en el madrileño convento de San Jerónimo. La educación del príncipe quedará en manos de doña Isabel debido a los continuos viajes del emperador. En 1534 don Juan Martínez Siliceo será nombrado su tutor para que "le enseñase a leer y escribir". Al año siguiente el príncipe tenía casa propia y don Juan de Zúñiga era designado su ayo. Siliceo y Zúñiga diseñarán la educación del muchacho. Como bien dice Henry Kamen: "Como alumno, el Príncipe no era ni un modelo ni, mucho menos, sobresaliente. Su manejo del latín siempre fue regular, su estilo literario, en el mejor de los casos, mediocre, y su caligrafía siempre generalmente deficiente. Educado como un humanista, nunca llegó a serlo". Las relaciones de don Felipe con su madre fueron muy estrechas por lo que el fallecimiento de doña Isabel en 1539 supuso un golpe muy duro para el pequeño príncipe. Ese mismo año inicia sus tareas políticas ya que queda como regente del Reino ante la marcha de su padre hacia la ciudad de Gante. Felipe tenía doce años y recibió la estrecha colaboración de un Consejo de Regencia, integrado por don Francisco de los Cobos, el cardenal Tavera y el duque de Alba, familiarizándose con los asuntos de Estado. Su primer matrimonio se producirá el 15 de noviembre de 1543. La elegida será su prima María Manuela de Portugal. La duración de enlace será apenas de un año ya que la esposa falleció tras el parto del príncipe Carlos, el 12 de julio de 1545. El mismo año de su matrimonio Felipe volvió a quedar como regente de Castilla. Seguía asesorado por un consejo y las últimas decisiones estaban en manos del emperador pero Felipe iba recogiendo la necesaria experiencia. El año 1554 será el de su segunda boda. La nueva esposa será la reina de Inglaterra, María Tudor, ya que a Carlos V le interesaba especialmente la alianza inglesa. Felipe recibe el título de rey de Nápoles y duque de Milán, trasladándose a Londres para celebrar su boda, el 25 de julio de 1554. El propio príncipe consideró siempre su enlace como una cuestión de Estado y permaneció largo tiempo en tierras inglesas. Asuntos de Estado le llevaron a Flandes, donde el 25 de octubre de 1555 recibía de su padre la soberanía de los Países Bajos. El trato con los holandeses y alemanes fue muy estrecho, convirtiéndose en un monarca querido por sus súbditos. Al año siguiente Carlos abdicaba en su hijo las coronas de Castilla y Aragón, lo que hacía a Felipe el dueño del Imperio más importante de su tiempo. Su tío Fernando recibía el Imperio Alemán y los estados patrimoniales de los Habsburgo, familia que se dividía en dos ramas: la austriaca y la española. En marzo de 1557 regresaba a Inglaterra convertido en rey de España y pasa algunos meses en compañía de su esposa, intentando engendrar el tan deseado hijo. En julio regresa a los Países Bajos para conseguir una de las mayores victorias militares de su reinado: la batalla de San Quintín, el 10 de agosto de 1557. El triunfo provocaba el fin de la guerra con Francia y la firma de un acuerdo de paz, el Tratado de Cateau-Cambresis, con el que se ponía fin a la disputa por el control de Italia que quedaba en manos españolas. El tratado se sellaba con el matrimonio de Felipe con la joven Isabel de Valois -Felipe había enviudado por segunda vez en noviembre de 1558, sin conseguir el deseado heredero-. De este enlace nacerán las dos hijas con las que el monarca mantendrá una estrecha relación: Isabel Clara Eugenia y Catalina Micaela. A su llegada a España en 1559 inició una serie de cambios en la práctica y en la forma de gobierno, rompiendo de esta manera con la tradición medieval y otorgando un carácter innovador a la Corona, al tiempo que se fijaban las bases de la administración pública moderna. Fruto de estos cambios será el establecimiento de la corte permanente en Madrid (1561), la reforma de la audiencia de Sevilla (1556), o la creación del Consejo de Italia (1558) y de las audiencias de Charcas (1559), Quito (1563) y Chile (1567). La paz con Francia le permitiría poner en práctica una política mediterránea encaminada a frenar el expansionismo turco por el norte de África y en la zona occidental del "Mare Nostrum". Precisamente para poner fin a esta expansión se formó la Liga Santa junto a Roma, Venecia y Génova, consiguiendo la espectacular victoria en la Batalla de Lepanto (7 de octubre de 1571) dirigiendo las naves el hermano del monarca, don Juan de Austria. Don Juan había participado también con éxito en el aplastamiento de la revuelta de los moriscos granadinos en 1568. Ocho años después se producirá una segunda rebelión, llegando a solicitar ayuda a los turcos. Esta segunda tentativa tendrá también una escasa incidencia y será sofocada. El freno al avance turco llegará por la vía diplomática a través de intermediarios. Felipe II conseguía cerrar un frente de lucha y poder centrarse en los conflictos atlánticos, especialmente la Guerra de los Países Bajos, prioridad en la política felipina desde que se produjo la primera rebelión en 1566, sofocada duramente con la intervención del duque de Alba y la ejecución de los condes de Horn y Egmont. La muerte de Isabel de Valois y el príncipe Carlos y la invasión del príncipe de Orange en los Países Bajos motivaría que el año 1568 esté considerado como el "annus horribilis" del reinado de Felipe. Quedaba viudo por tercera vez, sin heredero varón y con una guerra en ciernes en el norte de Europa. En 1570 volverá a contraer otra vez matrimonio -el cuarto- siendo la elegida su propia sobrina, doña Anna de Austria. El matrimonio tendrá 5 hijos, sobreviviendo sólo el heredero de la corona, el futuro Felipe III. Doña Anna fallecería en 1580 pero el rey ya no se volvería a casar, pasando sus últimos años viudo. En esta década de los 70 la corte madrileña vivirá momentos de tensión y rivalidades al enfrentarse de manera casi abierta las dos facciones que competían por el favor real. La encabezada por el duque de Alba y la liderada por el príncipe de Eboli -a su muerte será Antonio Pérez quien se convierte en el jefe de este grupo-. Entre 1576-1579 las rivalidades casi provocan un colapso administrativo. Estos enfrentamientos tuvieron su punto culminante en el asesinato de don Juan de Escobedo, secretario particular de don Juan de Austria, el 31 de marzo de 1578, involucrándose al propio monarca cuando el promotor del asesinato era Pérez. Mientras estas rivalidades se producían en la corte, en los Países Bajos la situación era cada vez más complicada. La política militarista del duque de Alba había dejado paso a una línea más dialogante establecida por don Luis de Requesens pero su fallecimiento en 1576 y el saqueo de Amberes por las tropas no favorecieron esta nueva línea política emprendida. Don Juan de Austria pudo conseguir finalizar el conflicto pero su muerte en Namur (1578) tampoco ayudó. Felipe apostó por la llegada del cardenal Granvela como secretario de Estado para resolver la crisis tanto política como financiera. De esta manera se daba paso a la segunda etapa del reinado caracterizada por el inicio del declive físico y moral del monarca. La anexión de Portugal en 1581 será la gran victoria de este momento -Felipe había sido nombrado rey de Portugal en 1580 por las cortes de Thomar tras el fallecimiento del cardenal don Enrique, regente del reino a la muerte de don Sebastián- pero la situación en Flandes estaba estancada a pesar de los éxitos iniciales de Alejandro Farnesio. La intervención de Isabel I de Inglaterra en el conflicto de los Países Bajos inclinará la balanza a favor de los rebeldes holandeses. La reacción del Rey Prudente será la organización de la Armada de Inglaterra con la que pretendía invadir la isla británica, contando con el embarque de las tropas de Farnesio. El desastre de la Armada en el año 1588 iniciará la etapa de declive tanto política como física del reinado de Felipe II. Esta tercera etapa vendrá marcada por la progresiva dejación de funciones del monarca ya que sus achaques y enfermedades le impedían controlar todos los asuntos como era de su agrado. Para colaborar con las decisiones del monarca se crea la Junta de Noche (1585) en la que participa el secretario Vázquez de Leca. Cinco años más tarde se organiza la Junta Grande, consejo cuyo objetivo primordial será hacer frente a la caótica situación económica pero que se convertirá en la verdadera encargada del gobierno de la Monarquía. Estos últimos años vendrán caracterizados en cuanto a la política exterior por la intervención en la política francesa a través de su apoyo a la Liga Católica. Los deseos de situar a su hija Isabel Clara Eugenia en el trono francés -era hija de Isabel de Valois- no se verán satisfechos al coronar a Enrique IV como monarca galo. El inicio de un conflicto en la zona norte de Francia, en el que participarían activamente las tropas de Alejandro Farnesio, diversificaría los frentes de lucha y permitirá la consolidación de la posición holandesa. La Paz de Vervins (1598) ponía fin a la lucha hispano-francesa y dejaba los Países Bajos en manos de Isabel Clara Eugenia, casada con el archiduque Alberto. A medida que va avanzando en edad, la salud de Felipe II se iba deteriorando y los ataques de gota se repetían con mayor frecuencia. Llegará un momento en que no pueda firmar debido a la artrosis de su mano derecha. A finales del mes de junio de 1598 Felipe sufrió unas fiebres tercianas que le postraron en la cama, sufriendo dolores tan intensos que no se le podía mover, tocar lavar o cambiar de ropa. A las cinco de la madrugada del domingo 13 de septiembre de 1598 fallecía Felipe II en el monasterio de El Escorial. Tenía 71 años y su agonía había durado 53 días.

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23 Septiembre 2006

Manuel de Falla

Falla fue el único compositor participante en el homenaje dedicado a Góngora en 1927 que sirvió para definir a la generación de poetas. Su amistad con Lorca o Alberti, o su correspondencia con Gerardo Diego, son sólo unos ejemplos de la intensa vida intelectual desplegada por el compositor, el único español después de tres siglos, con Albéniz y Granados, que consiguió renombre internacional, y el más dotado de los tres.

Nacido en Cádiz en 1876 y muerto en Alta Gracia (Argentina) en 1946, después de haber dejado España en 1939 tras la guerra civil, la vida de Falla está marcada por cinco ciudades: Cádiz, Granada, Madrid, París y Buenos Aires. Entre 1907 y 1914 vivió en París, donde conoció a Debussy, Dukas y Ravel, y en 1915 estrenó en Madrid El amor brujo, con Pastora Imperio. De ese periodo es también El sombrero de tres picos, ballet estrenado en Londres en 1919 por los Ballets Rusos y uno de los más brillantes montados por Diaghilev. Noches en los jardines de España (1916); El retablo de maese Pedro (1923); el Concierto para clavicémbalo y orquesta, estrenado en Barcelona por, Wanda Landowska en 1926, y la inconclusa La Atlántida, son otras de las obras más destacables de Manuel de Falla

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23 Septiembre 2006

Miguel de Cervantes

Miguel de Cervantes Saavedra, novelista, poeta y dramaturgo español (*1547 - †1616). Nació el 29 de septiembre de 1547 y murió el 22 de abril de 1616 en Madrid (fue enterrado el 23 de abril y popularmente se conoce esta fecha como la de su muerte). Es considerado la máxima figura de la literatura española. Es universalmente conocido, sobre todo por haber escrito El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, que muchos críticos describen como la primera novela moderna y una de las mejores obras de la literatura universal. Se le ha dado el sobrenombre de Príncipe de los Ingenios.

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23 Septiembre 2006

Ramon y Cajal

El 1 de mayo de 2002 se han cumplido 150 años del nacimiento de Don Santiago Ramón y Cajal, el mayor prestigio científico de España. Sus hallazgos son la piedra angular de las ciencias neurológicas. La Histología se divide en un antes y un después de Cajal. Hoy continúa siendo uno de los autores más citados en las 12.000 revistas médicas existentes.

Cajal es mucho más que un sabio histólogo: fue, ante todo, hombre de ciencia y junto a Claudio Bernard el más grande que haya dado la Medicina; ambos, sumados a Galileo, Newton, Darwin, Pasteur y Einstein posiblemente sean los ocho talentos científicos más grandes de todos los tiempos.

Aparte de su labor en la medicina, Cajal desarrolló otros muchos saberes fruto de un intelecto y una sensibilidad sin parangón: fue fotógrafo, dibujante, literato... Artes a las que se dedicó con su singularísimo esmero, tesón, afán y buen hacer.

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23 Septiembre 2006

Cristóbal Colón

Cristóbal Colón (Génova, 1451 - Valladolid (España), 20 de mayo de 1506). Marino que, al servicio de la corona del Castilla, encontró una ruta segura -desde occidente- a América (hasta entonces desconocida o indocumentada para los europeos), arribando a ella el 12 de octubre de 1492. Su origen más probable es genovés (aunque algunos historiadores sostienen que procedía del Reino de Aragón, del Reino de Galicia o del Reino de Portugal, entre otros).

Al parecer Colón sostenía que podía alcanzarse el lejano oriente (las Indias) desde Europa viajando hacia hacia el oeste, y que era posible realizar el viaje por mar con posibilidades de éxito. En aquella época, los europeos sólo conocían un camino marítimo bordeando África, y esa vía estaba controlada por Portugal, que no permitía el paso de naves que no fueran propias.

Desde los griegos (Eratóstenes) se conocía la circunferencia de la Tierra, por lo cual, los romanos habían inventado la enseña de las columnas de Hércules con una banda y la inscripción: Non Plus Ultra ("no Más Allá") pues con esa circunferencia las naves no tenían probabilidades de llegar a las Indias. Al parecer la hipótesis de Colón sobre la posibilidad del viaje se basaba en cálculos erróneos sobre el tamaño de la esfera, que suponía era más pequeña de lo que realmente es.

Otras teorías sostienen que Colón había oído, por habladurías de marinos, de la existencia de tierras mucho más cercanas a Europa de lo que se suponía científicamente que estaba Asia y que emprendió la tarea de alcanzarlo para comerciar sin depender de Génova ni de Portugal.

Lo que sí es seguro es que Colón no solo alcanzó América, (llamada en aquel entonces Abya Yala), sino que regresó a Europa, realizando un total de cuatro viajes, y dando inicio a un régimen de viajes periódicos seguros desde Europa hasta América. Aunque es sabido que los siberianos habían llegado a América en el Pleistoceno, y que lo mismo hicieron los Vikingos cerca del siglo XI, es a partir de los viajes de Colón y otros exploradores y conquistadores que lo sucedieron cuando se establecieron vínculos permanentes. A raíz de ello algunas potencias imperiales europeas invadieron parte del territorio americano imponiendo su dominio sobre varias civilizaciones y pueblos allí instalados, como los imperios Inca y Azteca, entre otros. Como resultado de esa dominación fueron destruidas la mayor parte de las culturas originales americanas, incluyendo las técnicas de escritura y los testimonios escritos, los conocimientos científicos y artísticos, las religiones y la mayor parte de los idiomas. También se impusieron varios idiomas europeos que aún hoy son dominantes y las religiones europeas, sobre todo las diversas variantes del cristianismo.

Colón proyectó su viaje con el fin de traer de Oriente mercancías, en especial oro [1], que habían llegado siempre por la ruta que atravesaba Asia hasta Europa, por Asía Menor, pero a partir de la toma de Constantinopla por los turcos, esta vía se hizo difícil y quedó monopolizada por éstos y sus aliados, los mercaderes genoveses. Las nacionas más ricas de la Europa de entonces, Portugal y Castilla, querían esas mercancías sin intermediarios; los portugueses (cuya Reconquista acabó en el siglo XIII) se habían lanzado a navegar y habían encontrado el paso por el cabo de Buena Esperanza, creando a su vez un nuevo monopolio, que competía con Génova, por lo que Castilla, al terminar su reconquista, hubo de buscar una ruta nueva.

Su llegada a América abrió también camino al envío hacia Europa de gran cantidad de alimentos inventados por las culturas americanas como el maíz, la papa, el tomate, el cacao, el tabaco, el pimiento, el zapallo, la calabaza, el pepino, el poroto (nuevas variedades de judía o frijol), la vainilla, entre otros. Los investigadores han estimado que tres quintas partes de los cultivos actuales de todo el mundo fueron inventados por las culturas americana originarias [2]. En sentido inverso, la llegada de Colón llevó a América el uso productivo de la rueda, el hierro, el caballo, el cerdo, el asno, la caña de azúcar, las armas de fuego, entre otros.

En su primer viaje alcanzó la isla de Guanahani, rebautizada como el Salvador por los españoles, después de dos meses de travesía, visitando después Cuba y La Española. Volvió a España siete meses después de su partida. En su último viaje solo tardó un mes y cuatro días en alcanzar las costas de América.

La República de Colombia recibió este nombre como homenaje a Colón.

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23 Septiembre 2006

Desde la noche de los tiempos hasta la invasion musulmana

Los Reyes Católicos, Carlos I/V y Felipe II, son los personajes históricos más conocidos porque responden a un perfil casi de leyenda y porque fueron los protagonistas del periodo de mayor esplendor de todas las monarquías hispanas. Con ellos se inició la Edad Moderna y el Renacimiento en España y en Europa, y con ellos se creó un imperio que fue veinte veces más extenso que el Imperio Romano, tras la anexión de Portugal a finales de siglo XVI. Pero su historia y la de los reyes y hechos que les precedieron apenas tienen espacio en nuestro recuerdo y, sin duda, fue el largo proceso de integración y de avance de los reinos cristianos el permitió que España haya sido la nación más poderosa del mundo del milenio que ha concluido y, sin duda, durante el siglo XVI.

Fue aquel periodo, de poco más de un siglo de agitación permanente, dentro y fuera de nuestras nuevas y jóvenes fronteras, el que configuró el presente de varias naciones europeas, americanas y asiáticas. Un periodo, durante el que nosotros estuvimos a salvo de nuevas invasiones extranjeras, de las que nuestras tierras ya habían disfrutado o padecido suficientes, desde que el primer homínido, más o menos erguido, procedente de Africa, puso el pie en la Península.
Se puede negar, taxativamente, que durante la gloriosa época imperial el pueblo español se viera especialmente favorecido. De todo aquel esfuerzo guerrero y conquistador que recayó en gran medida sobre los hombros del pueblo llano, esencialmente sobre el pechero castellano, apenas se obtuvo beneficio. No padecieron escasez, de igual manera, la nobleza, la Iglesia, y todo ese grande y nuevo estrato social compuesto de funcionarios y tecnócratas que invade la vida pública a partir del siglo XV. Muchos fueron los que se enriquecieron y repartieron cargos, prebendas y grande parte de las crecientes riquezas que recibió España procedentes de las Indias Occidentales y que evitaron su bancarrota total, aunque, en gran mediada, se malgastaran innumerables recursos en las innumerables guerras con los Países Bajos y con otras naciones y credos hacia los que fluyeron millones de ducados en los bolsillos de nuestros tercios. Tampoco cayeron en muchas manos las tierras arrebatadas al musulmán durante un largo proceso de casi ocho siglos. Si el pueblo llano no alcanzó a disfrutar de los beneficios de las épocas de gloria, cual no sería su situación en las épocas de decadencia posterior. No es, por tanto, aventurado, ni demagógico, afirmar que la gran mayoría, del siempre sufrido pueblo español, comienza a disfrutar de cierto grado de bienestar bien entrada la segunda mitad del siglo XX, cuando ya solo somos el eco de aquel pasado glorioso, pero injusto.

Esa situación, de permanente necesidad, fue la que nunca permitió que nuestro pueblo pudiera ser tildado de chauvinista, pues nunca pudo sentir una gran admiración por su historia, una historia tan agitada, sorprendente y desproporcionada como la que más, pero que nunca le permitió vivir desahogadamente, como consiguieron vivir otros pueblos de la Europa de entonces, incluso bajo la bota hispana . De todo aquello hubo responsables que la historia ha juzgado, a veces sin excesivo rigor, pues unos cometieron graves errores que no han sido denunciados y otros tuvieron grandes aciertos que no han sido reconocidos.

Ahora, con la perspectiva que ofrece el conocimiento del pasado, sería fácil concluir que bastante menos fanatismo religioso y algo más de habilidad diplomática con los seguidores de Lutero, Calvino o Mahoma, hubiera sido la mejor receta para consolidar un imperio y extraer de él los beneficios que otras naciones supieron extraer de los suyos. Pero no fue, acaso, aquel exacerbado sentimiento religioso, aquella ideología radical, el cristianismo pre y post tridentino, lo que hizo posible tanta gesta heroica y suicida.

PREHISTORIA

Cada día se afirma con mayor rotundidad que la cuna de la humanidad estuvo situada en Africa ecuatorial hace unos cinco millones de años. Allá por el Lago Tana, nacimiento del Nilo Azul, en los macizos montañosos etíopes, tuvo lugar, al parecer, el comienzo de la divergencia entre los primates y el ser humano. La teoría del paraíso único o de Adán y Eva parece que sigue avanzando, dando razón a las tradiciones reflejadas en la Biblia y en otras mitologías y libros sagrados.

El hombre primitivo se fue dispersando, durante cientos de miles de años, en todas direcciones: Hacia el norte africano, por el valle del Nilo; hacia Asia, por el sur y el norte del Mar Rojo y por las costas de Arabia; hacia el Oeste africano, desde los lagos Alberto, Victoria, cuna del Nilo Blanco. (El Nilo Blanco se une al Nilo Azul en Jartúm.- Ver "Egipto, un don del Nilo")-, por los numerosos afluentes de los ríos del Zaire y por el río Congo; hacia el sur, por la costa oriental y por los lagos ecuatoriales, Tanganica y Niassa. Si contemplamos el mapa físico de Africa ecuatorial y meridional (el Cabo de Buena Esperanza está en el paralelo 35) podremos comprender que la orografía era propicia para el desarrollo de la vida en condiciones ideales. Además, en aquellas lejanas edades, llovía generosamente y la vegetación era mucho más exuberante que la actual. Así como, hacia el norte de Africa, los territorios eran más fértiles y los desiertos inexistentes.
Por otro lado, debemos recordar que la última glaciación mantuvo cubierta de hielo media Europa, posiblemente hasta el paralelo 50. Las glaciaciones del Pleistoceno comenzaron hace dos millones de años y coincidieron con los cambios climáticos que, producidos por la oscilación del eje de rotación de la Tierra, se habían iniciado hace dieciséis millones de años. Cambios climáticos que se repetirán, cíclicamente, durante la vida del planeta. Esto provocaba cambios en la vegetación y el flujo y reflujo, norte sur, de diferentes especies animales, entre las que estaba incluida la de nuestros antepasados más viajeros, más o menos erguidos y de mayor o menor tamaño.

Entre los restos arqueológicos, encontrados durante la construcción de Londres, había fósiles de elefantes, bisontes, leones, caballos, hipopótamos, mamuts y renos, animales que, normalmente, se asocian con Africa y el Polo Norte. La configuración geográfica que conocemos de Europa no tiene una antigüedad muy superior a los 10.000 años (finales del Paleolítico Superior), y así como Inglaterra se mantuvo, durante millones de años, unida al Continente, España lo estuvo al norte de Africa. Tanto el Canal de la Mancha, como el estrecho de Gibraltar, son accidentes geográficos relativamente recientes.

Todo ese milenario movimiento humano cristalizó en tres culturas principales localizadas en una de las zonas del planeta más relacionada con nuestra historia: La Semita, Africa y Asia Menor, que protagoniza los movimientos culturales hasta el año 2.000 a. C. La Indoeuropea Occidental, cuya influencia comienza a partir del año 3.000 a.C., originando los pueblos Griegos, Itálicos, Celtas, Venetos e Ilirios, Baltos, Eslavos y Germanos. Y la Indoeuropea Oriental, la de los indoeuropeos que abandonan el sudeste de Europa y se dirigen hacia el este a través del Cáucaso, entre ellos destacan los Hititas, Iranios, Frigios, Mitannios, Escitas, Medos, Persas, Tracios Dacios, Armenios, Lidios e Indos.

LOS IBEROS

Los recientes hallazgos arqueológicos de Atapuerca han confirmado que seres de aspecto humano, Homo Hábilis, inteligentes, sociables y que utilizaban utensilios, se instalaron en la península 800.000 años a.C. (Paleolítico inferior).

Los iberos fueron resultado de la evolución de aquellas primitivas culturas prehistóricas de procedencia libio - africana. Y por Iberos fueron reconocidos por los historiadores de la Grecia clásica los antiguos pobladores de la Península, mezcla de individuos de distintas procedencias y culturas.

Los Celtas

Este pueblo de origen indoeuropeo, procedente de Centroeuropa, estaba constituido por tribus pastoriles y guerreras de cultura avanzada que, en su expansión hacia el oeste, penetran en la península por ambos extremos de los Pirineos a principios del primer milenio a.C. Ocupan Cataluña y el valle del Ebro y, por el norte, se asientan en Cantabria, Asturias y Galicia, para descender después por la costa atlántica portuguesa. En la meseta, en Levante y en Andalucía se mezclan con los Iberos, dando lugar al pueblo Celtíbero; pero en Galicia y Portugal mantienen sus asentamientos independientes de los del pueblo ibero.

Las primeras noticias escritas sobre los pueblos que habitaban la península proceden de los griegos del siglo VI a.C. que nos citan a los iberos, celtas y tartesios. Estos últimos tuvieron como capital a Tartesos, un lugar no identificado con claridad entre la desembocadura del río Guadalquivir y Huelva.

Los fenicios

Los fenicios aparecen en nuestras costas comerciando con los nativos a partir del 1.200 a.C. y fundan Gadir, cerca de Cádiz, en el año 1.100 a.C. Los fenicios fueron denominados por los griegos (Homero) phoinikes . Phoinix significa rojo púrpura. Una de las habilidades fenicias eran los tintes de los tejidos en ese característico color. También se les llamó sidonios, procedentes de Sidón, ciudad situada entre Tiro y Beirut en la costa de la franja sirio-palestina, la zona del Líbano actual, al norte de Israel.

Los testimonios arqueológicos más antiguos que ofrece la zona fenicia proceden de la ciudad de Biblos, al norte de Beirut. Aquí se encontraron restos de un importante emplazamiento neolítico del siglo V a.C. definido como el más importante de aquella época en el área mediterránea. Los primeros habitantes, además de dedicarse a la agricultura, el pastoreo y la pesca, inician una abundante producción de tejidos e hilados que serán característicos de Fenicia en toda su historia. Una historia que no empieza a escribirse, como tal, hasta el siglo XII a.C. Es conocida, indirectamente, gracias a los historiadores griegos Herodoto, Diodoro Sículo, Arriano y en época posterior gracias al, también, griego Flavio Josefo (siglo I d.C.) que hace referencia a "Los Anales de Tiro" como principal legado de la historiografía fenicia escrito en esa lengua, obra que se perdió en la noche de los tiempos.

En la Península Ibérica, Gadir, llegó a ser un importante centro de comercio y de la ruta del estaño procedente de las minas del área nor-occidental del país. Sabemos que, en busca de estaño y de otros metales, las naves fenicias rebasaron las columnas de Hércules y que, navegando por la costa atlántica, llegaron hasta Britannia y Cornualles Los fenicios se llevaban la plata a cambio de otras mercancías que los nativos apreciaban. Diodoro Sículo relataba "...el país posee las más numerosas y las más hermosas minas de plata... los indígenas ignoran su uso. Pero los fenicios, que son tan expertos en el comercio, compraban esa plata con el trueque por otras mercancías. Por consiguiente llevando la plata a Grecia, a Asia y a todos los restantes pueblos, los fenicios obtenían grandes ganancias. Así, ejerciendo dicho comercio durante tanto tiempo, se enriquecieron y fundaron numerosas colonias: algunas en Sicilia y las islas cercanas, otras en Libia, en Cerdeña y en Iberia " (...y nosotros siempre tan desprendidos). Pero no solo obtenían plata de Iberia sino, además, cobre, estaño y oro. Este preciado metal era, también, obtenido en el interior de Africa, desde donde era transportado hasta las colonias costeras y sobre todo a Cartago.

Los griegos

Aprovechando la decadencia fenicia y la expansión griega por el Mediterráneo. Los griegos comenzaron a comerciar con Tartesos en el siglo VII a.C. y fundaron colonias en las costas de Iberia: Ampurias, Rosas, Mainaké y otras. Los enfrentamientos entre griegos y fenicios, por el dominio del Mediterráneo, se mantuvieron hasta la expansión romano cartaginesa.

Los cartagineses

Cartago ocupó una zona de la actual Túnez. Fue fundada por Elisa, hermana del rey fenicio Pigmalión (814 a.C.) que tuvo que huir de Fenicia al ser asesinado su tío y protector Acherbas, sacerdote de la diosa Astarté (Juno), por orden de Pigmalión. Tras pasar por Chipre, donde se unen a los fugitivos el sumo sacerdote de Astarté y ochenta muchachas destinadas a la prostitución sagrada, llegan al lugar que más tarde será Cartago, que significa ciudad nueva "cart-hadsht". Para asegurar a los suyos un espacio adecuado, Elisa, cuenta la leyenda, recurrió a la astucia con los nativos: les compró un espacio equivalente al que se pudiera cubrir con una piel de buey. Cortó la piel en finísimas tiras y, uniéndolas por sus extremos, rodeó la colina sobre la que se edificó la ciudad de Byrsa (piel de buey). Poco tiempo después los pueblos de los alrededores rindieron homenaje a Cartago.

La ciudad se desarrolló floreciente y pronto comenzó a extender sus dominios. En el año 654 a.C. los cartagineses fundan una colonia en Ibiza. Hacia el año 600 tratan de impedir que los griegos se establezcan en Marsella, pero pierden la batalla naval entablada con ese fin. En el 550 toman parte de Sicilia a los griegos e intentan, sin éxito (535 a.C.), a pesar de las colonias fenicias en la isla, hacerse con Cerdeña. Sin embargo, mediante una alianza con los etruscos, que dominaban la mitad norte de Italia, así como los griegos la sur y Sicilia (Magna Grecia), conquistaron la costa occidental de Córcega.

Magón, rey de Cartago, fundó una dinastía y tuvo como descendientes a Amílcar y Asdrúbal. Estos nombres, así como el de Aníbal, se repetirán con frecuencia en la historia de Cartago. En el año 500 a.C. los cartagineses arrasan Tartesos, poco después de ocupar Baleares. Amílcar Barca sometió algunos territorios ibéricos y Asdrúbal fundó Cartago Nova (Cartagena). Aníbal, hijo de Amílcar, llegó hasta el Ebro. A finales del siglo III a.C. la mitad sur de la península estaba bajo dominio cartaginés. Aníbal conquistó Sagunto, ciudad protegida por Roma, y así se desencadenó la Segunda Guerra Púnica en el año 218 a.C. Aníbal y su ejército avanzaron hacia Italia por tierra, superando los Pirineos, la Galia y los Alpes. Aníbal trató de ganarse los territorios italianos para que formaran una confederación con Cartago, pero Roma se revitalizó y conquistó Siracusa, Capua, y en el 209 a.C., Cartagena.

Finalmente, los romanos pasaron a Africa y el general romano Publio Cornelio Escipión, en alianza con el rey de los númidas, Masinisa, derrotó a Aníbal en Zama (204 a.C.). Las condiciones de la rendición fueron muy gravosas: los cartagineses tuvieron que renunciar a sus posesiones en Iberia y a los territorios ocupados en Africa; tuvieron que destruir su flota, pagar fuertes indemnizaciones a Roma y les fue prohibido hacer la guerra sin consentimiento romano. A pesar de los esfuerzos de Aníbal por levantar a su pueblo no lo consiguió e incluso fue desterrado. Por último, se quitó la vida para evitar ser entregado a los romanos.

Mientras, Masinia, había provocado de tal forma a sus antiguos aliados que provocó la Tercera Guerra Púnica con los romanos (149-146 a.C.), que terminó con la total destrucción de Cartago

Los romanos

Con la conquista de Cartagena se inicia la dominación romana de la Península Ibérica. En el año 197 a.C. es dividida en dos provincias Celtiberia y Lusitania, aunque esto no significaba el total control de los territorios; pues los nativos no soportaban ni los impuestos de los pretores, ni los incumplimientos de los pactos alcanzados. Como ejemplo de esto último, Galva, en Lusitania, reunió a gran número de lusitanos con la promesa de repartirles tierras de cultivo y, una vez reunidos, pasó a cuchillo a unos y vendió como esclavos al resto. Esto provocó la rebelión de Viriato (150 a.C.) que, tras algunas victorias, también terminó siendo traicionado y asesinado en el año 139 a.C.

A todo esto, una nueva guerra se había entablado. Su gesta más conocida fue la resistencia a los romanos de la ciudad de Numancia. Tras un largo asedio se rindió a Escipión Emiliano, pero gran parte de los numantinos se dieron muerte (133 a.C.).

A partir de entonces, las peleas por el poder se entablan entre diferentes facciones romanas. El pretor Sertorio alcanza el predominio sobre las provincias y organiza Hispania como una nueva Roma. Esto provocó un grave enfrentamiento con Roma y Sila envió al general Cneo Pompeyo. Con el asesinato de Sertorio se restableció la paz en el año 72. Pero, de nuevo, se produce un enfrentamiento entre Cesar y Pompeyo que terminó con la paz hasta que los pompeyanos fueron derrotados en Munda, en el año 45.

En el año 29, la rebelión de cántabros y astures obliga a Augusto a combatirlos personalmente, la rebelión es sofocada por Agripa en el año 19 y se alcanza un nuevo periodo de paz.

Augusto reorganizó el país y lo dividió en dos provincias imperiales: Lusitania, con capital en Mérida, y Tarraconensis, con capital en Tarragona; y una senatorial, la Bética, con capital en Córdoba. Aunque los valles del Guadalquivir y del Ebro quedaron fuertemente romanizados, no ocurrió lo mismo con el norte y noroeste (Gallaecia) que conservaron en gran medida sus costumbres. Un ejemplo fue la conservación del vascuence en el País Vasco y del celta en Galicia. Aunque no hay una sola provincia en la que no se conserven señas y monumentos de la civilización romana.

Los romanos aplicaron en Hispania el mismo patrón colonizador que en el resto del imperio: Calzadas, acueductos, fortificaciones, puentes, presas (Proserpina en Mérida), faros (Torre de Hércules en la Coruña) y una nueva concepción de las viviendas privadas. Favorecieron el comercio y fomentaron la agricultura con la introducción de nuevas especies vegetales y nuevas técnicas de cultivo.

Suevos, Vándalos y Alanos

En el año 409, bajo los emperadores Arcadio y Honorio, hijos del emperador, de origen español, Teodosio y en plena decadencia del Imperio Romano de Occidente, Hispania fue invadida por tribus bárbaras que cruzaron los Pirineos por varios puntos. Los bárbaros, tras sembrar el terror por donde pasaban y dejar los campos arrasados y llenos de cadáveres insepultos, se repartieron el país. Los suevos ocuparon Galicia; los alanos, Lusitania y la Cartaginense (1); y los vándalos se instalaron en la Bética, que recibió el nombre de Vandalusía. Poco años después, llegaron nuevos invasores, como aliados y en auxilio de los romanos, los visigodos. Bajo su presión los vándalos abandonaron la Bética y, conducidos por Genserico, se adentraron en Africa.

(1) En el 409, la provincia Cartaginense abarcaba: gran parte de Murcia, parte de Andalucía Oriental, parte Castilla la Mancha, Madrid y parte de Castilla-León. Los visigodos entre el año 409 y 420 ocupan un territorio (la nueva Provincia Tarraconensis) equivalente a Cataluña, gran parte de Aragón, algo de Navarra y la mitad norte de la actual comunidad Valenciana.

Los Visigodos

Ataulfo.- El primer rey visigodo en España

Los visigodos, pueblos de origen Germano, bajo el mando de su caudillo Alarico, destruyeron Roma el 24 de Agosto del 410. Tras un saqueo que duró tres días, cargados de botín y esclavas, se retiraron a la Italia meridional. Poco después muere Alarico y le sucede Ataulfo que también había participado en el asedio de Roma.

Ataulfo acarició la idea de fundar un imperio sobre las cenizas del romano, pero pensando que su pueblo no estaba preparado para asumir las instituciones romanas, creyó más conveniente colaborar en el resurgir del Imperio Romano. Honorio pese al odio que sentía por los visigodos no tuvo más remedio que aceptar la ayuda que se le ofrecía.

Ataulfo consiguió restablecer la autoridad de Honorio en las Galias y se casó, en Narbona, con Gala Placidia, hija del emperador Teodosio y hermana de Honorio, que había sido tomada como prisionera durante el saqueo de Roma. El hecho de que un godo se desposara con una dama de semejante alcurnia, sin consentimiento del emperador, tuvo una gran influencia sobre el destino del imperio y sería una de las causas de la invasión visigoda de España.

Constancio, consejero y ministro de Honorio, que también deseaba a Gala Placidia y envidiaba el poder que iba alcanzando Ataulfo, pidió a Honorio que exigiera la devolución de Gala Placidia. Así lo hizo éste, pero Ataulfo se negó. Constancio aprovechó la situación para, tras aliarse con las tribus bárbaras del Rin, acosar a Ataulfo que, presionado por fuerzas mayores, incendió Burdeos, cruzó los Pirineos y conquistó Barcelona (año 414). Allí nació su hijo que recibió el nombre de su abuelo, el emperador Teodosio, y bajo cuyo mando hubieran podido unirse romanos y visigodos en un nuevo imperio, pero Teodosio murió pocos meses más tarde. Su cuerpo recibió sepultura en un sarcófago de plata en la catedral de Barcelona.

La intención de Ataulfo fue la de arrojar a los bárbaros y construir un reino gótico en España, pero no tuvo tiempo, pues fue asesinado por Dubio (año 415), alentado por Sigerico, miembro de su séquito, que deseaba reemplazarle en el mando e iniciar una guerra más agresiva contra los romanos. Sigerico fue proclamado rey y ordenó matar a los seis hijos del primer matrimonio de Ataulfo. Gala Placidia fue tratada con crueldad y obligada a caminar veinticuatro kilómetros, junto a otras esclavas, delante del caballo que montaba Sigerico. Sigerico fue asesinado meses después por instigación de Walia, hermano de Atulfo, que le sucedió en el trono.

Walia pactó con Constancio la paz y obtuvo un soberbio rescate por Gala Placidia. Y mientras los romanos se encargaban de avituallar al pueblo visigodo, estos se encargaron luchar contra suevos, vándalos y alanos. El emperador Honorio continuó haciéndose la ilusión de que la sometida Hispania seguía perteneciéndole y recompensó a Walia con la Aquitania, desde el Loira hasta Burdeos, con lo que se dio nacimiento al reino visigodo de la Galia. Walia y sus sucesores fueron, desde entonces, los reyes de un pueblo y de un reino.

Ataulfo, aunque solo dominó parte de la Tarraconense, puede ser considerado el primer rey visigodo de España.

La dominación visigoda

Hacia el año 467 los visigodos dominaban gran parte de la Península y, bajo el reinado de Eurico (467-484), sus territorios se extendían más allá de los Pirineos y la capital era Toulouse. En el año 507, Alarico II, sucesor de Eurico y seguidor de la herejía arriana se enfrento con Clodoveo, rey de los francos, y fue derrotado. Esta derrota supuso la pérdida de los territorios de la Galia excepto la provincia de Septimania (ancha franja de la costa francesa sobre Cataluña, en parte coincidente con el Rosellón). El reino visigodo quedó confinado en la Península que era compartida con los suevos del noroeste y con los bizantinos, que ocuparon el sur.

Atanagildo (554-567) fijó la capital en Toledo. A Atanagildo le sucedió Liuvia I y a este Leovigildo(568-586) que reformó las leyes para facilitar la convivencia de hispanorromanos y visigodos, reforzó la autoridad real y destruyó el reino suevo; pero no consiguió la unidad religiosa bajo el arrianismo. Su hijo Recaredo (568-601) y el pueblo godo abrazaron el cristianismo y así se logró la unidad religiosa. (Cuando en el año 313 se publicó el Edicto de Milan, por el que el Imperio Romano hacía del cristianismo la religión oficial, ya había en Hispania 19 obispados). La unión territorial la consiguió Suintila (621-631) al expulsar del país a los bizantinos. Con Recesvinto (653-672) se publica su Código, Liber Iudiciorum, que fue aplicable por igual a godos e hispanorromanos, consiguiéndose la unidad judicial para todos.

Apenas lograda la unidad, frágil y contradictoria, surge una nueva amenaza. Bajo el reinado de Wamba (672-680) asoman por primera vez las naves musulmanas en las costas meridionales y, en el año 711, los musulmanes, bajo el mando de Tarij-ben-Ziyad, uno de los generales de Musá Ibn Nusair, el famoso moro Muza, cruzan el estrecho de Gibraltar para intervenir en la lucha dinástica de los visigodos, provocada por la aspiración al trono de los hijos de Witiza frente a Don Rodrigo, vencen con facilidad al rey Rodrigo y se extienden, sin apenas resistencia, por gran parte de la Península.

Ante la facilidad de la invasión, olvidaron a los hijos de Witiza (702-710), y organizaron el gobierno como un emirato dependiente de la dinastía Omeya de Damasco. Los sucesores de los primeros invasores extendieron la conquista hasta Francia, pero allí fueron derrotados por Carlos Martell en la batalla de Poitiers (año 732).

Don Rodrigo y la invasión musulmana

A pesar de la insistencia de la viuda del rey Witiza para que coronaran al mayor de sus hijos, los nobles decidieron elegir rey a Don Rodrigo, hasta entonces gobernador de la Bética y un gran guerrero. Pero los deudos de Witiza decidieron nombrar otro rey en la persona de Aguila II, cuyo parentesco con aquel no estaba muy claro. La guerra civil estalló y Rodrigo no pudo dominar las provincias de Cataluña y Septimania, donde reinaba Aguila II.

Un bereber, Olbán, el famoso "Conde don Julián" del romancero, católico y amigo de los visigodos hasta que, cuenta la leyenda, su hija, la hermosa Florinda, fue ultrajada por el rey Witiza. Entonces, como venganza, entregó la ciudad de Ceuta a Muza, se convirtió en su aliado y le animó a conquistar España. Les proporcionó barcos y de esta forma un cuerpo expedicionario penetró en la península y saqueó, sin encontrar casi resistencia, varios pueblos cercanos al lugar del desembarco, regresando a Ceuta con el botín. El conde don Julián se convirtió al Islam y, tras la conquista árabe, recibió tierras en España como recompensa por sus servicios a la causa de la media luna.

En la primavera del 711, Rodrigo, sin hacer caso de lo que consideraba una razzia más de los musulmanes, se dirigió al norte para someter a los vascones, con la intención de dirigirse después contra Aguila II, en Cataluña, una vez estuvieran sometidos. Mientras, los descendientes y partidarios del difunto Witiza seguían intrigando para que Muza les ayudara a retomar el poder. Muza accedió, y el 28 de abril del 711, 7.000 hombres se embarcaban, en naves también proporcionadas por el conde don Julián, y tras cruzar el Estrecho se fortificaban en Gibraltar, antes de emprender la marcha hacia el norte.

Enterado Rodrigo, se trasladó a Córdoba y se aprestó a la batalla reuniendo a los nobles, incluidos los descendientes de Witiza que estaban dispuestos a traicionarle desde sus mismas filas de combate. A todo esto, Tariq había recibido 5.000 hombres como refuerzo enviado por Muza. Como estaba previsto, los hijos de Witiza convencieron a parte de las tropas para que abandonaran la batalla con la excusa de que los africanos solo venían para devolver el poder a sus legítimos herederos. La batalla final tuvo lugar en Medina Sidonia, en el lago de la Janda. Los witicianos abandonaron el combate y Rodrigo, que estuvo en persona al mando del cuerpo central del ejército, murió o todavía vaga por aquellas tierras, pues nunca más se supo de él. Parte de las fuerzas de Tariq se dirigieron a tomar Córdoba y él, con las tropas restantes, marchó sobre Toledo.

Al año siguiente, Muza desembarcó en España con un ejército de 18.000 hombres y tomó Sevilla y varias ciudades. El 30 de Junio del 713 cayó Mérida, tras una fuerte resistencia. En el 714 Tariq y Muza sitiaron Zaragoza y mientras duró el asedio Tariq avanzó hacia Cataluña. Otras expediciones penetraron en Galicia. Cuando Muza y Tariq fueron llamados a Damasco por el Gran Califa al-Walid, la conquista había casi concluido con la excepción de los focos siempre bárbaros del norte, impermeables a cualquier invasión (adoramos las cocoxas).

La facilidad y rapidez de la conquista se debieron: por un lado, a la colaboración en ella de los traidores Witiza, y por otro, a la pasividad del pueblo llano, harto como estaba de los abusos de los señorones feudales y de la Iglesia. Abolir la esclavitud hubiera sido algo imposible en el siglo VII, pero intentar imponer más justicia y medidas más liberales hubiera sido más evangélico. La Iglesia abrazada como siempre a sus privilegios no quiso provocar el enojo los príncipes. Una vez más es necesario concluir, que del burdo o sutil equilibrio entre la Iglesia y los poderosos han surgido las civilizaciones de cualquier signo, y que cuanto más fuerte ha sido esa unión más grandes han sido los imperios, más desgraciado el pueblo y más estrepitosa la caída del dichoso Imperio.

Y colorín colorado, y aquí termina esta historia de la INVASION MUSULMANA.

Epílogo:

De Muza y Tariq nunca más se supo, se piensa que fueron postergados y que murieron oscuramente.

El hijo de Muza se hizo cargo del emirato y se casó con la viuda de Rodrigo, Egilona, que recibió el sobrenombre de "la señora de los collares" (tan famoso siglos después) que en árabe significa "Unm al-Isam".

Los hijos de Witiza fueron recompensados por su traición al rey Rodrigo (el breve), pero se quedaron sin reino. Y de los árabes hablaremos en la Reconquista.

Tags: historia, espana

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23 Septiembre 2006

España

El Reino de España es un Estado soberano constituido en Monarquía parlamentaria que ocupa algo mas de cinco sextos de la península Ibérica, dos archipiélagos situados en el mar Mediterráneo (las Islas Baleares), en el océano Atlántico (las Islas Canarias), así como las plazas de soberanía en el norte del continente africano (entre ellas las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla) y el enclave de Llivia en los Pirineos franceses. Junto a otros veinticuatro países europeos conforma la Unión Europea (UE) y su extensión es de 506.013 km2.

En su territorio peninsular comparte fronteras terrestres con Francia y con el Principado de Andorra al norte, con Portugal al oeste y con la colonia británica de Gibraltar al sur. En sus territorios africanos, comparte fronteras terrestres y marítimas con Marruecos. La capital del país es Madrid, una ciudad con más de 3.150.000 habitantes y más de 5.000.000 en su área metropolitana que está situada en el centro de la península Ibérica.

Con Francia comparte la Isla de los Faisanes en la desembocadura del río Bidasoa y cinco facerías pirenaicas.

Además, tiene otra serie de distritos y posesiones menores no continentales como las islas Chafarinas, el peñón de Vélez de la Gomera y el peñón de Alhucemas, todos frente a la costa africana. La isla de Alborán, las islas Columbretes y una serie de islas e islotes frente a sus propias costas completan sus territorios.

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23 Septiembre 2006

¿Por que españoles de españa?

Españoles de España, nace como una pequeña broma entre amigos. Pero que crecio de tal forma, que al final decidimos crear este blog.
De que hablaremos? Pues de todo lo que nos hace ser orgullosos de ser españoles de España.
Politica? Pues depende, siempre que quieran cargarse nuestra querida España.

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