Cristóbal Colón y las expediciones atlánticas.
La conquista de la Baja Andalucía amplió los intereses castellanos en el Atlántico, tradicionalmente volcados hacía su fachada norte, donde desde los puertos cantábricos se mantenían las relaciones comerciales con el norte de Europa. La conquista de Canarias, iniciada a finales del siglo XIV, quedó completada durante el reinado de los Reyes Católicos, la ocupación de la isla de La Palma por el capitán Alonso Fernández de Lugo en 1492-1493 fue para ello un hito importante. La vocación atlántica de Castilla se afirmó de esta forma, alarmando al reino de Portugal, cuyos intereses, tras la ocupación de las islas Azores, Madera y Cabo Verde, veían peligrar por la fortalecida Castilla. Los crecientes intereses atlánticos condujeron al marino genovés, Cristóbal Colón a la Corte castellana tras el rechazo de sus visionarios planes de abrir una ruta por occidente hacia las Indias por Juan II, rey de Portugal, en 1484. La acogida dispensada por los Reyes Católicos finalmente fue más positiva, a pesar de no ser el mejor momento pues la guerra de Granada estaba en su apogeo, los bajos costes de la aventura prometía, de ser ciertos los estrambóticos planes de Colón, pingües beneficios, ante la expansión atlántica del reino de Portugal emprendida por el infante Enrique el Navegante. Vencida la resistencia de las Juntas de Salamanca y Córdoba, merced al apoyo de un sector de la nobleza castellana y a los franciscanos de La Rábida, se organizó una precaria flotilla compuesta de tres naves y noventa hombres, que partió el 3 de agosto de 1492 del puerto de Palos. Tras repostar en Canarias, los tres navíos pusieron rumbo a Poniente el 9 de septiembre, 33 días después avistaron tierra en un islote del archipiélago de las Bahamas. Colón creyó hasta su muerte en 1505 haber llegado a las Indias, desechando las cada vez más fuertes evidencias a favor de la existencia de un nuevo Continente. Tras su regreso y entrevista con los Reyes Católicos en Barcelona, se organizó una nueva expedición, de mayor envergadura, compuesta de 17 buques pertrechados para la colonización de las nuevas tierras descubiertas. En 1493 arribó la segunda expedición a la isla bautizada como La Española (Santo Domingo-Haití). Por las capitulaciones de Santa Fe, Colón fue nombrado almirante, virrey de las tierras descubiertas y partícipe de los frutos de su explotación. Todavía llegaría a realizar dos viajes más, aunque tras su desastrosa gestión las nuevas posesiones americanas quedaron bajo la administración de la Corona.
